Protocolo, política y religión

En el Protocolo, como en tantos otros aspectos, existen determinados elementos que acaben por encontrar su paso a la sociedad general, convirtiéndose en «clichés» que asumimos y aceptamos inmediatamente. Algunos inspirados por películas, como el de «los cubiertos desde fuera hacia dentro», o la forma de colocar los cubiertos al finalizar un plato.

Aunque útiles, estas pequeñas perlas pueden convertirse en armas de doble filo, especialmente en un contexto social en el que lo usos y las costumbres están cambiando a pasos agigantados (recordad que lo que era aceptable ayer, puede no serlo hoy).

En este caso, me encontraba yo actualizando mi currículum vitae, siguiendo el modelo EuroPass (y percatándome de su extraordinaria deficiencia en lo que se refiere a resaltar experiencia de voluntario; algo que LinkedIn ya ha implementado), cuando me encontré la siguiente recomendación por parte del portal Universia a la hora de cómo incluir el trabajo de voluntariado:

No incluyas tus actividades como voluntario vinculadas a cierta religión o a cuestiones políticas. Quien te considere para un puesto puede tener una visión diferente a la tuya y puede que te juegue en contra.

El comentario me pareció absolutamente deleznable. Más tarde me percaté de que tal vez (y sólo tal vez), los protocolistas hemos contribuido en gran manera a la perpetuación de ese cliché.

Sí, es cierto que hay temas que han de evitarse con personas que no conocemos y en contextos no adecuados, sin embargo esto no se aplica únicamente a la política o la religión, puede ser fútbol, o quien debería de haber ganado Eurovisión. Cualquier tema de conversación que pueda generar una discusión acalorada, que en lugar de acercar a la gente, la separe, no es bienvenida en una mesa cuyos comensales no son de nuestra confianza.

Sin embargo, existe una gran diferencia entre ser cuidadoso con ciertos temas, y ser eliminarlos completamente de tu vida.

En mi caso particular, son 7 años de experiencia en cinco organizaciones relacionadas con la religión o el diálogo interreligioso, y una con derechos LGBTQ. Pero conozco otra gran cantidad de protocolistas que tienen gran experiencia en colaborar en la organización de grandes eventos religiosos y políticos.

Sugerir que ese tiempo invertido debería de desaparecer de nuestro curriculum por una mera cuestión de afinidad ideológica con el entrevistador, resulta tremendamente ofensivo; y dice mucho más del criterio profesional del entrevistador, que del entrevistado.

Nos encontramos en un contexto social en el que las redes sociales y la inmediatez de la información nos está permitiendo poner cada y voz a muchas personas que antes sólo veíamos a través de una hoja de papel. Esto implica beneficios, pero también un desafío: el desafío de saber ser tolerantes.

¿O quién nos dice que el organizador del 3er Salón del Manga de determinado municipio, o el coordinador de un retiro Bahá’í no han demostrado unas excelentes capacidades organizativas en ellos?

Por supuesto, siempre podemos (como me pedía un amigo el otro día) intentar eliminar aquellos resultados de Google relacionados con nuestro nombre que pueden no «quedar bien». Sin embargo, si las empresas cada vez buscan personas con más carácter individual, y quieren enfocarse menos en los aspectos «oficiales» y más en los humanos, deberán de asumir que los individuos son diversos y plurales; y ninguna institución puede permitirse que sus empleados sean embajadores de esta un 100% del tiempo (especialmente con los sueldos actuales).

Por otro lado, tanto la religión como la política tienen un lugar en el currículum vitae, especialmente en el del protocolistas. Porque, señores, esos eventos no se organizan solos.

Y la religión y la política tienen, en muchas ocasiones, un lugar en las conversaciones. El saber estar no se demuestra evitando hablar de ellos, sino haciéndolo de forma honesta pero respetuosa y conciliadora. De todo puede hablarse siempre y cuando se sepa cómo y cuando.

Y vosotros ¿qué opináis?

 

Imagen: «Looking for balance» por fady habib bajo licencia Creative Commons

La filosofía detrás del Protocolo

Protocolo en diálogo intercultural

Cuando mencionamos la palabra “protocolo”, el conjunto de imágenes que normalmente surge en nuestras mentes está relacionado con grandes banquetes, estrictas normas, interminables títulos, muchos cubiertos y un rígido ceremonial. Sin embargo, como cualquier otra práctica o disciplina, el protocolo va más allá.

Uno de los elementos que siempre me ha fascinado ha sido la comunicación, en su aspecto más esencial. Esto ha determinado mis estudios ¡y también este blog! Ya sean redes sociales, interacción empresa-cliente, traducción, díalogo intercultural o protocolo, sigue englobándose dentro de los procesos de comunicación. Continuar leyendo